Autores: Dr. Benny Ocksenberg (Psiquiatra, Psicoanalista, Psicoterapeuta TFP), Ps. Catalina Undurraga (Psicóloga, PHD en psicoterapia), Ps. Nicolás Morán (Psiólogo, psicoanalista)
Edición: Dr. Julio Armijo (Psiquiatra, Psicoterapeuta TFP)
En el marco de la I Jornada de Actualización en Abordaje de Pacientes Complejos, realizada el pasado 20 de marzo de 2026, se llevó a cabo un taller clínico organizado en colaboración entre el Instituto Chileno de Trastornos de Personalidad y la Unidad de Adicciones de la Clínica UC Christus San Carlos de Apoquindo, perteneciente a la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Este espacio formativo se centró en el aporte teórico y clínico de Wilfred Bion y Antonino Ferro, destacando las herramientas que ambos autores ofrecen para la comprensión y el abordaje de la transferencia en la práctica clínica contemporánea elementos para captar la transferencia clínicamente.
Introducción a la Transferencia
La “transferencia” es un concepto complejo en psicoanálisis. Se refiere a como los pacientes repiten patrones relacionales y emocionales con el terapeuta. La dificultad radica en identificar en que nos fijamos, cual es el “elemento seleccionado” que la activa.
Para S. Freud, la transferencia se entiende como la repetición, en la relación con el analista, de vínculos y conflictos infantiles no resueltos. Es decir, el paciente revive en el vínculo terapéutico modos de relación que pertenecen a su historia (Freud Sigmung, 1912).
Para. O. Kernberg, la transferencia se entiende como una activación en el “aquí y ahora” de las relaciones objetales innternalizadas ( estas se actualizan con el terapeuta). Acá no hay sólo una repetición y proyección, sino que se reproducen configuraciones relacionales completas, incluyendo la representación de sí mismo, la representación del otro y el afecto que las une (Kernberg, 2019).
Desde W. Bion, la transferencia es el desplazamiento y proyección de estados emocionales y objetos arcaicos en el terapeuta Estas experiencias se logran captar a través de lo que Bion llama la imaginación, el fantasma, la chispa vital, las conjeturas imaginativas (Yuri Seino, 2021).
Para Bion, el “dolor mental” es el problema fundamental de la mente humana. La mente tiende a evitarlo para mantener el equilibrio, ya que el dolor puede producir una alteración del equilibrio y una reorganización de los elementos(Wilfred R. Bion, 1963).
El sufrimiento psíquico no proviene de la falta de deseo ni del exceso pulsional, sino de la imposibilidad del campo de soñar, imaginar y transformar la experiencia emocional, lo que conduce a la frialdad relacional, al empobrecimiento simbólico y al desplazamiento del conflicto hacia el acto.
La transferencia duele y es evitada, no solo por el paciente sino también en la mente del terapeuta. Bion la describe como un “fantasma” que va y vuelve, desaparece y aparece (concepto se inspira en la ópera “Petrushka” de I. Stravinsky) (Yuri Seino, 2021). Este fantasma analítico (la transferencia) contiene la máxima intensidad emocional (la “chispa vital”), lo que explica su gran importancia y reñevancia en la transferencia, ya a que ahí está el máximo afecto.
Para A. Ferro la transferencia deja de entenderse como algo que el paciente le hace al analista, y pasa a concebirse como la experiencia emocional que se genera en el campo analítico, en el aquí y ahora. Es decir, como algo que se co-construye entre paciente y analista en ese momento.” Es la experiencia emocional de ambos generada en el campo analítico del momento y expresada en la narrativa del paciente, dando cuenta de la atmosfera generada en el momento(Antonino Ferro, 2009).
El vínculo entre paciente y terapeuta no es un intercambio neutral entre dos personas, sino como un espacio particular donde comienzan a reactivarse formas previas de relación. A través de la transferencia, el paciente tiende a reproducir dentro del vínculo terapéutico modos de relacionarse, expectativas y configuraciones afectivas que se han organizado a lo largo de su historia. El terapeuta tampoco está completamente fuera de este campo relacional. A pesar de la necesidad de mantener una equidistancia, la historia personal, su momento vital y su forma de escuchar participan en la configuración del encuentro clínico. Por esta razón, el espacio terapéutico puede pensarse como un campo relacional que se construye entre ambos participantes.
Una “Metodología” para Captar la Transferencia: el aporte de Wilfred Bion.
La transferencia no se capta deductivamente (ej: «el paciente me dijo que yo le caigo mal, entonces le cae mal el papá»). El método deductivo es inútil para captar elementos inconscientes. La transferencia se capta por “intuición”, es decir, por un método inferencial (Yuri Seino, 2021).
Desde una perspectiva Bioniana, podríamos pensar que cuando la experiencia emocional no logra transformarse en pensamiento dentro del vínculo terapéutico, puede encontrar otras vías de expresión
Muchos de los elementos en el sueño de un paciente, por ejemplo, tienen características de experiencias poco metabolizadas (elementos beta). Estos fragmentos pueden pensarse como experiencias emocionales que todavía no han sido completamente transformadas en pensamientos (Wilfred R. Bion, 1963). El sueño representa un intento de la mente de comenzar a transformar estas experiencias en material psíquico. No se presenta como una reflexión elaborada, sino como una experiencia que aparece casi lateralmente dentro de la conversación.
Podría entenderse como un fragmento de experiencia que busca un contenedor en el espacio terapéutico. Una forma de contención básica que permite que el material aparezca en la sesión sin interrumpirlo, ni desorganizar el espacio terapéutico. El relato del sueño podría entonces funcionar como una forma de introducir una escena dentro del vínculo terapéutico. Esto podría sugerir que el paciente deposita en el analista una experiencia emocional que necesita ser contenida o metabolizada. El sueño podría pensarse como un intento inicial de la mente de comenzar a simbolizar experiencias emocionales y dar forma a lo que aún no puede pensar.
Cabe aquí mencionar entonces el concepto de fantasma y chispa vital.
El fantasma, podríamos entenderlo como una escena relacional inconsciente que organiza la experiencia del paciente y que se despliega en el vínculo. Es el punto vivo dentro de ese campo (lo que tiene potencial de transformación) no simbolizado, más cercano a elementos beta. Es una configuración inconsciente compartida, tiene carácter difuso, atmosférico, puede ser caótico, persecutorio, vacío, aún no tiene forma clara (Yuri Seino, 2021).
La chispa vital es ese momento en que aparece algo vivo en la sesión —una imagen, un sueño, una asociación— que indica que la experiencia emocional comienza a tomar forma (es el campo inconsciente que emerge en la sesión -difuso, no pensado-). Sería un momento en que algo que no estaba siendo pensado empieza a volverse potencialmente pensable. La chispa vital es algo puntual, emergente, tiene intensidad emocional viva y aparece como algo que “enciende” la sesión con dirección transformadora. Es el inicio de simbolización, algo ya aparece como significativo (Yuri Seino, 2021).
El fantasma es el escenario, la chispa es lo que late dentro del escenario.
Mientras el fantasma analítico indica que hay algo no pensado circulando (puede invadir la sesión sin ser reconocido) y requiere ser contenido; la chispa vital es lo que el analista debe detectar y cuidar. Es la oportunidad clínica, ya que puede convertirse en pensamiento, insight o transformación. Ante el fantasma el riesgo es no darse cuenta (quedar actuado o confundido), mientas que ante la chispa el riesgo es apagarla ( interpretando demasiado rápido o banalizando).
No son opuestos sino parte del mismo proceso: aparece el fantasma (campo no pensado), dentro de eso, emerge una chispa (algo vivo) y si el analista la sostiene, se transforma en pensamiento
La intuición que requiere este “campo” de alta de receptividad mental, Bion la describió inicialmente sin memoria, sin deseo, sin comprensión (Bion, 1967). En sus últimos años, Bion evolucionó este concepto hacia al despliegue mental de la intuición , el “uso activo de la imaginación”. La imaginación es la cara de la intuición inconsciente.
Se trata de imaginación disciplinada, con aproach a la verdad, en búsqueda de “correspondencia” que genera ‘conjeturas imaginativas’ planteadas a través de interpretaciones. Las conjeturas imaginativas constituidas por “patrones frescos” llenos de vitalidad (chispa vital) que impregnan la transferencia, que se esconde y aparece como un fantasma (fantasma analítico), como ocurre con los sueños y emerge como “ficciones” que son creaciones imaginarias que buscan verosimilitud y correspondencia y que contienen las partes perdidas del self. En la sesión tolerar el estado de “nada” ( nothing), que Freud describió como “ceguera artificial” (concentrando toda la luz en un pasaje oscuro) y el despliegue complejo pero escencial de la imaginación (imagination) (Yuri Seino, 2021).
Para el pensamiento psicoanalítico moderno, la verdad última es incognoscible (kantiana). Sin embargo, se puede aspirar a la “correspondencia”: una articulación razonable en la imaginación del terapeuta de los distintos elementos de la situación descrita por el paciente, lo que se sabe del paciente, y las sensaciones que este produce.
La Perspectiva de Ferro sobre la Transferencia: El Campo Analítico y los Personajes; “Casting y grasping”.
Ferro, un post-bioniano nacido en 1947, Italia, propone una mirada enriquecedora para la percepción de lo que ocurre en la escena analítica.
El concepto de Campo Analítico fue tomado de los Baranger (Madeleine y Willy Berenger). En la sesión se crea una configuración emocional compartida y producida por el paciente y el analista. Este campo genera imágenes, narraciones, silencios, sueños y fantasías. o sea, todo lo que aparece en la sesión pertenece al campo, a lo que ocurre durante la sesión (Antonino Ferro, 2009).
Lo narrado por el paciente no es sólo una traducción simbólica, sino que da cuenta de la realidad emocional de lo que ocurre en el campo y que está en busca de transformación. La narración está contada a través de personajes que lo pueblan y que contienen estados emocionales. Estos personajes dan cuenta del estado de transformación de las emociones surgidas en el campo durante la sesión analítica, y el analista al escuchar y captar lo narrado interviene para que el proceso de transformación de las emociones crudas o protoemociones, sigan su evolución para lograr ser pensadas y permanecer en desarrollo(Antonino Ferro, 2009).
Al combinar los conceptos de Bion acerca del pensamiento onírico de vigilia con los del campo y los personajes de la sesión, obtenemos un espacio-tiempo en el cual los nudos no pensados de elementos beta son transformados por la función alfa del campo en pensamientos oníricos.
A propósito de la evolución de lo que se va asociando respecto a las experiencias emocionales del paciente en la narración, es que se va a ir logrando desarrollar mente, pensamiento. Es lo que permitiría según Ferro poder desarrollar un aparato para pensar pensamientos.
Dada la comprensión que tiene Ferro del campo analítico como el espacio co-construido de donde emerge la narrativa del paciente, la transferencia sería lo que se genera en el aquí y ahora del campo en co-construccion. la idea de Ferro es no dejar ciertos símbolos fijados a traducciones que pueden rigidizarse, tales como jefe crítico autoritario=terapeuta severo=padre exigente y estricto. Más bien permitir que surjan nuevos matices, sabores y sonoridades que amplíen y complejicen a los personajes a través de los cuales se narran las historias(Antonino Ferro, 2009).
Los personajes (hologramas, indicadores o íconos afectivos emitidos con vista a expresar las ondas y líneas presentes dentro del campo emocional de la sesión) son el vehículo a través del cual se narran las historias que dan cuenta del estado emocional actual del campo analítico. La escucha analítica transformada en ensoñación en vigilia, permite captar a través de la historia de los personajes que surjan en la narración, el estado emocional del campo y también la evolución de la experiencia emocional por medio de la complejización de los personajes que van adquiriendo dimensiones que enriquecen dicha experiencia emocional y permiten ampliar la capacidad de pensar la experiencia. A veces el personaje puede ser una emoción o sensación que no puede ser aun pensado; angustia, ansiedad, miedo, irritabilidad, la emoción cruda, que luego va transformándose en una imagen, una escena, una historia, una metáfora y un pensamiento(Antonino Ferro, 2009).
La interpretación suma otra dimensión a la escucha de lo que habitualmente llamamos transferencia. A la vez de escuchar en el relato de un paciente, también lo podemos pensar como la atmósfera emocional que surge del campo y pensar ¿qué estará ocurriendo en el campo que hace surgir esta escena? Así se puede intervenir con algo que permita desarrollar narrativamente los elementos que hicieron emerger la escena, y ver cómo podría evolucionar en ellos la experiencia emocional del campo. La idea es sumar a las interpretaciones reconstructivas o transferenciales – a nivel edípico, preedípico o de las angustias psicóticas- otras intervenciones para que a través de la escucha de lo que va emergiendo del campo se pueda llegar a captar la actividad emocional presente para que la intervención permita la evolución de está dirigida a “incrementar el voltaje emocional que la mente puede tolerar, mediante el desarrollo de instrumentos para pensar los pensamientos”(Antonino Ferro, 2009).
Dos ideas centrales dentro del pensamiento de A. Ferro son la de “Casting” y “Grasping”. El concepto de “Casting” implica encontrar en el estado onírico de vigilia del analista aquellos elementos, personajes y situaciones que le permiten encarnar a nivel emocional. Dado el estado onírico de vigilia del analista, es una escucha o “atención flotante” que no busca algo en particular en la narrativa que emerge. Ofrece su escucha como una membrana en la cual ciertos elementos del campo narrado se van adhiriendo hasta que algo toma forma. Es una escucha que no busca, pero que encuentra, y lo que vibra y resuena son elementos vivos del campo, elementos que contienen vitalidad emocional. Ahí donde la capacidad simbólica del paciente es limitada, uno de los objetivos del psicoanálisis debiera ser el desarrollo de la capacidad para el “casting”(Antonino Ferro, 2009).
Se relaciona con el “sin memoria y sin deseo” de Bion, siendo con un componente activo de la imaginación(Bion, 1967)(Yuri Seino, 2021).(Antonino Ferro, 2009).
“Grasping” se refiere a la tendencia natural del ser humano a aferrarse a lo conocido, dada la dificultad para tolerar la incertidumbre. Frente a la ansiedad de no saber lo que está pasando, se termina apurando, impacientándose y sujetándose de algo conocido para otorgar sentido y acomodar lo nuevo a lo familiar. Es una tendencia natural de la que se debe intentar desprenderse(Antonino Ferro, 2009).
Finalmente Ferro señala que los «fertilizantes que harán florecer el desierto» en el campo analítico son la confianza del analista en el método, sus ensoñaciones, su capacidad de intuición, su facultad de escuchar lo que se oculta en los rincones del lenguaje.
Referencias
Antonino Ferro. (2009). Transformaciones en sueño y personajes en el campo psicoanalítico. Revista de Psicoanálisis, 56 (9), pp. 153-78. www.ipa.org.uk
Bion, W. (1967). Notes on memory and desire. The Psychoanalytic Forum, 2:272-3, 279-80.
Freud Sigmung. (1912). La Dinamica de la Transferencia. En La Técnica Psicoanalítica, pp. 109-114.
Kernberg, O. F. (2019). Therapeutic Implications of Transference Structures in Various Personality Pathologies. Journal of the American Psychoanalytic Association, 67(6), 951–986. https://doi.org/10.1177/0003065119898190
Wilfred R. Bion. (1963). Elementos de psicoanálisis. William Heinemann- Medical Books Limited, Londres, (1963)
Yuri Seino. (2021). Nothing and imagination-Two approaches to the analytic reality in late Bion. The Journal of The Japan Psychoanalytic Society vol.3, Tokyo, (2021) 14-20. www.jpas.jp/ja/
